lunes, 23 de marzo de 2015

Gris anochecer.

No puedo continuar sin un incentivo, sobrevivo gracias a los ansiolíticos que me ayudan a dormir y callan las voces de mi cabeza, más bien, sólo bajan el volumen…
Estoy en un punto de inflexión.
Hay gritos, una imagen sucia, desprecios, decadencia….
Siento a mi corazón latir muy deprisa y detenerse en seco, una vez y otra vez.
Mis manos se aflojan, los dedos se quieren ir de mi cuerpo, la sangre no fluye con mis venas ni mi voz con mis pensamientos.
Otra vez dándome cabezazos en un cuarto muy oscuro.
Quiero gritar y llorar.
Siempre persiguiendo mi propia libertad, ahora vuelvo a estar atrapada.
En el fondo admito que nunca he sido libre,  he fingido serlo en esos momentos de emociones anestesiadas.
Confundo realidad con utopía.
Al final uno siempre está solo…  




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